abril 10, 2021

BOGOGRAFO DC

Una ciudad extendida

Arte y resistencia en Bogotá

Uno de los temas más controversiales es hablar de política, en nuestro tiempo cuando la lucha por el poder se ha convertido en la lucha por los derechos de los ciudadanos, muchos nos convertimos en heroicos personajes que salen del anonimato a través de su opinión en cualquiera de sus formas de representación: arte, medios de comunicación, redes sociales etc. Adicional a que nuestra manifestación por los derechos pareciese inquebrantable cuando existe una opresión de por medio, salir a la calle, ser la voz de los que no la tienen y ser centro de transformación y de cambio, es uno de los patrones que no vacilan en darse de alguna u otra forma mediatizados y reconocidos como formas de democratización y derecho interviniendo entre lo que es más conveniente o no para la nación.

Colombia, no es la excepción, aquí nos atrevemos a crear sociedad a través de la estética y la representación, las nuevas generaciones hemos adoptado que no hay medio más efectivo que contribuir a la sociedad sino es por el arte y la cultura, ambas prácticas contrarrestan el conflicto y la violencia. Muchos son los artistas que de manera emergente problematizan su obra tras la lectura del mundo, de la ciudad, del territorio, de lo periférico, de lo invisible cautivando al público mediante el sentido por lo crítico y la identidad para la generación de una conciencia colectiva.

Debido a la representatividad del lenguaje artístico se puede comprender aunque de manera subjetiva el conflicto, la opresión, la violación u omisión de derechos, convirtiéndose en una forma contestataria que “desde abajo” hace visible lo invisible, donde la alteridad es fuente de espectáculo permeando la continuidad de sentires, practicas ciudadanas afrontando orientaciones de represión y resistencia inmersas en el imaginario colectivo con respecto a un sistema político y económico representado por y para llenar los bolsillos de unos pocos. En muchas ocasiones se ha tildado que la noción de resistencia es solo una construcción de subordinación y de rebeldía, sin embargo, históricamente se ha afirmado que sin los movimientos de resistencia civil hacia ciertas problemáticas sociales, no se hubieran llegado a cambios significativos a nivel mundial.

De otra parte, las prácticas artísticas y narrativas estéticas no solo están conformados por artistas plásticos, sino por intelectuales y activistas, quienes se han sumado a los movimientos de réplica social tras la movilización de procesos de resistencia fundamentalmente a través del Grafitti, donde el arte abandona las aulas, las galerías y los museos para tomar un papel mucho más crítico, discutido y hasta censurado, mucho más cercano a la gente del común, al asumir una posición subversiva y anónima, la cual esta a su vez revelada en la manifestación intersubjetiva de ideologías populares.

Por lo anterior y en lo personal, el arte contemporáneo, si el arte del hoy, debería no solo generarse como una práctica de lo bello, de lo puramente técnico, de lo abstracto, sino ser una forma de extrapolar la realidad, no ajeno a lo que desde afuera influye nuestro reconocimiento del otro, sino que cautive a través de metarrelatos que cuestionen las acciones históricas y el orden social, con capacidad de resignificar realidades y tiempos para la redefinición de valores en la construcción de sociedad, abandonando el rostro falso y elitista del arte que lo ha convertido en una simple representación pictórica del vacío, donde de paso se ahogue el monopolio que ejerce el mercado, el Estado, los medios y las galerías sobre la espiritualidad del arte, siendo conscientes de que el arte nació como manifestación de la memoria y la sensibilidad del artista en la construcción de la otredad a partir de lo propio o lo interior, de lo real y lo simbólico.

Es por ello que el artista de nuestro días se convierte en crítico de sí mismo, repiensa su quehacer en función de la construcción de nuevas narrativas estéticas, muchas veces en pro de contribuir al espacio y/o territorio social a través de la representatividad de sus obras aunque en otros casos mediante la problematización del interior con respecto a lo que fluye afuera; al final el resultado no es más que lo que yo concluiría, la inexistencia de la obra si en el caso no hubiera un influjo del dialogo una representación del otro, una intersubjetividad, en otras palabras, un proceso de resistencia entre el artista con su obra, el artista con su interior, el artista y su contexto.

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