abril 10, 2021

BOGOGRAFO DC

Una ciudad extendida

No es vandalismo, es arte

El graffiti hace parte quizás de las prácticas sociales, culturales y por supuesto artísticas más controversiales de nuestro tiempo. Tan solo podríamos quedarnos hablando de los antecedentes históricos que datan de su nacimiento hacia los años 60 en Estados Unidos, sin embargo, desde mucho antes, esta práctica ya existía aunque pasaba desapercibida porque no era un movimiento masivo como empezó a caracterizarse en Nueva York, incluso algunos científicos han encontrado una íntima relación entre el arte rupestre y el graffiti, donde identifican que nuestro cerebro crea formas de relacionarnos con el mundo a través de este tipo de  realizaciones escritas y simbólicas y que pueden ser necesarias para  darnos a conocer de forma sincrónica y diacrónicamente frente a la sociedad o a una comunidad determinada.

   Para contextualizar un poco retomemos lo que paso hacia los 60’s  y 70’s, donde un joven mensajero de origen griego se dio a conocer a través de sus signaturas, en distintos lugares donde debía dejar sus entregas, lo especial no fueron sus firmas sino  la forma característica en que fue dejando rastro en los muros con la insignia TAKI 183. Así mismo, el Grafiti o graffiti, (ambas signaturas igualmente validas) se dio como un proceso cultural dentro de los barrios  marginales en la misma ciudad, donde se proyectaba especialmente la actitud y surgimiento de un movimiento musical que movería masas enteras  como fue y aún lo es el HIP HOP.

Investigadores y estudiosos importantes del graffitismo, han definido que  además de ofrecer  a la vista de todos, una técnica artística, con el graffiti se han potencializado las manifestaciones ideológicas, el reconocimiento de las voces marginadas, la conciencia colectiva  de comunidades que anhelan ser vistas y emitir juicios que problematizan al “Ser – Ciudadano”  tanto en vías públicas y calles como  en muros que se convierten en  lienzos o escenarios significativos.

En este orden de ideas obviamos que el arte no existiría si no supliera la necesidad  comunicativa del hombre con su entorno, solo que a diferencia de otras prácticas artísticas como la pintura de caballete y hasta las pautas publicitarias, el graffiti tiene un estilo, un tono, un  color netamente social haciéndose particular y diferencial que mueve fibras especialmente en las clases populares y convirtiéndose en una voz  que desplaza múltiples experiencias de significado  contrarrestando su censura por distintas instituciones sociales.

foto Guillermo Torres Revista Semana

En una ciudad como Bogotá donde se replica esta práctica así como en  otras ciudades de Latinoamérica (Ciudad de México, Brasilia, Buenos Aires, etc.) La ciudadanía desconoce que el objetivo del graffiti  como evento de comunicación tras su carácter anónimo, fugaz, espontaneo, colectivo y marginal,  no es solamente poner en vista de todos lo que está sucediendo o de lo que no se habla en una comunidad, sino que en su autonomía a otro tipo de arte, el graffiti denuncia, exhibe, problematiza, auto-representa y rivaliza más no de manera vandálica sino subversiva.

 Y dirá usted ¿qué diferencia habría entre lo que es vandálico y lo subversivo? Pues bien, el vandalismo es  una manifestación con fines destructivos y violentos la cual pretende el daño  de una propiedad física o privada, mientras que  lo subversivo que define o caracteriza más al graffiti, refiere al proceso contestatario o revolucionario que  da lugar a revertir valores o vicios de un sistema preestablecido.

En nuestra ciudad bajo las normas del código de policía se ha establecido ciertos espacios para que  grafiteros  puedan hacer uso de los mismos, en estas condiciones una de las reglas fundamentales esta en los se deben generar los permisos que se les confieren, sin embargo,  es como pedirle a la sal que de sabor dulce, si sus características propias  en el caso del graffiti es su anonimato, marginalidad y  por supuesto: “ser subversivo”.

A pesar de ello, muchos grafiteros han adoptado las normas y se  han adaptado a los espacios establecidos, otros tantos consideran estas normas como algo que viola su propia integridad y derecho de expresión, lo que si es cierto es que no todo lo que se pinta en los muros es arte, ni todo arte es vandalismo, esto último porque aún muchos ciudadanos estigmatizan el graffiti como una reproducción vandálica no artística. Más ¿Cómo lograr entender o diferenciar entonces el arte grafitero del vandalismo?, Sencillo, el graffiti, siempre tiene algo que decir, no es vacío, tiene contenido (no siempre es ideológico, puede ser poético, informativo, sexual, jurídico, etc.) que se materializa en su forma (palabra – imagen – trazos, colores –pigmentos – pinceles), mientras que lo vandálico, no expresa, no tiene un objetivo específico, es  solo una desvalorización simbólica y confusa en definitiva, ruido visual.

En definitiva, debemos apostarle al buen arte, al arte popular, al grafiti, para ello, son  necesarias las acciones pedagógicas aquellas que permitan al ciudadano acercarse, apreciar, denunciar, distinguiendo realmente entre  vandalismo y arte urbano.

 by bogografocultural@gmail.co

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